Cómo aprendí a empezar de nuevo
Por Natalí Salazar · 28 de mayo, 2025 · 5 min
Cerré mi negocio un martes por la mañana. Firmé los papeles, salí, me compré un café y me senté en una banca a llorar.
Cerré mi negocio un martes por la mañana. Firmé los papeles, salí, me compré un café y me senté en una banca a llorar. No porque hubiera fracasado, sino porque por fin había tomado la decisión que llevaba dos años evitando.
Emprender se romantiza mucho. Te dicen que es libertad, que es pasión, que es construir algo tuyo. Y sí, es todo eso. Pero también es incertidumbre crónica, noches sin dormir y la extraña soledad de ser la única que puede resolver los problemas.
Mi cafetería duró cuatro años. En esos cuatro años aprendí más sobre mí misma que en los diez anteriores juntos. Aprendí que soy más resiliente de lo que creía. Que pedir ayuda no es debilidad. Que a veces cerrar una puerta es el acto más valiente que existe.
Empezar de nuevo no se siente como un comienzo. Se siente como un vacío. Un espacio en blanco que da miedo porque no sabes qué va a llenarlo. Pero con el tiempo, ese espacio se convierte en posibilidad.
Hoy estoy construyendo algo nuevo. No sé si va a funcionar. Pero esta vez lo hago sabiendo que puedo sobrevivir si no funciona. Y eso lo cambia todo.
Escucha más historias reales en Contando Historias, el podcast de personas comunes con decisiones valientes.